DE AUTENTICIDAD Y CONTRASTES

 

Vera 2Fue ayer un día notable para la cultura, para las artes plásticas, para la pintura: se entregó el premio ARAGÓN GOYA 2011 al gran pintor JUAN JOSÉ VERA, mi amigo.

Mi satisfacción fue doble: se había honrado por fin la trayectoria y la obra de uno de los mayores pintores de nuestro siglo XX – y XXI, que le queda mucha cuerda – y tan merecido honor había recaído sobre mi querido y admirado Juan J. Vera.

 

Sé que en textos como este no resulta muy prudente comenzar por la mención de los lazos de amistad que unen al alabado con quien alaba, pero ni Juan ni yo somos muy dados a estas cautelas expositivas y preferimos comenzar por lo primero que nos brota de dentro. Y sin duda fue mi condición de amigo la primera que disparó en mí el entusiasmo y la alegría ante la noticia de tan merecido reconocimiento. Los que sabemos de la dedicación continuada y entusiasta a la creación plástica – pintura, sobre todo, y escultura – de Juan J. Vera, de su diaria revisión autocrítica, de la grandeza de ánimo con que valora la obra ajena estéticamente digna o la sinceridad con la que la denuesta si la considera falsa o pobre, los que conocemos su generosidad y gozamos de la cercanía de su amistad inevitablemente nos llenamos de gozo al saber quién iba a ser distinguido con el ARAGÓN GOYA 2011.

Y ayer llegó el momento de la manifestación pública de esa distinción acertada aunque tardía. El acto tuvo lugar en un escenario adecuado: Sala Goya del Museo de Zaragoza. Observo que se me ha venido al texto la palabra escenario que delata un poco alguna de las sensaciones que me provocó la parafernalia del tal evento. Porque hubo en él algo de la representación teatral habitual en estos actos: amén del magnífico escenario, un público, más abundante tal vez del esperado, que rebasaba la capacidad de la Sala y unos actores que, en casi todos los casos, cumplían con el papel esperable.

Fue en la representación propiamente dicha donde quedó de manifiesto un evidente contraste entre diversos grados de autenticidad. Comencemos por el público: contrastaba la alegría general de admiradores, colegas-y-sin-embargo-amigos, público en general y amigos en particular con la fría serenidad de quien cumplía con su trabajo de funcionario de Cultura, con cierta ausencia notable y notada y con alguna carita podridilla de envidia evidente aunque disimulada.

Sigamos con el vestuario de los actores. Variaba desde la vestimenta formal de ceremonia hasta la simplemente normal, digna y decorosa; dignidad y decoro que crecía a la par de la cercanía del personaje al mundo de la creación artística. Los extremos los encarnaron los representantes de la clase política – formalmente ataviados para ceremonia – y nuestro homenajeado que lucía un magnífico modelo juanvera de la colección otoño-invierno. ¡Ahí quedó eso!

Para terminar, el papel representado por los actores viró también, en la cromatura de la autenticidad, desde los tonos pastel – plasmados por los políticos - del texto correcto, escrito por otro y leído con refuerzos de entonación que disimularan la baja autenticidad y sinceridad, hasta los colores valientes, decididos y auténticos del parlamento de Juan J. Vera. (Se me nota – creo y espero – que, al escribir esto, asocio sus palabras a la estructura y composición de cualquiera de sus cuadros). Gozamos todos de su texto llano, sincero, desmitificador y rematado por Juan con un párrafo – anunciado por él con un “Y ahora viene lo mejor” – políticamente incorrecto - ¡ya era hora! – en que reclamaba como actuaciones imprescindibles de los políticos allí presentes las que él y muchos de los asistentes sabíamos y temíamos que no entraban precisamente en el menú cultural que tenían pensado hacernos tragar.

Contrastes de excelencia, autenticidad y valentía presidieron, pues, este merecidísimo homenaje que recuerda la calidad exquisita de los contrastes que pautan la composición y estructura magníficas y valientes de los cuadros de mi amigo con esos sus colores y texturas espléndidos y auténticos, tan juanverianos.

JAVIER GRACIA

Zaragoza 13 diciembre 2011