Crítica. Marisa Samitier

Javier, has escrito una muy buena historia desde todos los aspectos: léxicos, estructurales, construcción de personajes... Nos conduces ,a los lectores, con mucho cariño, por el misterioso mundo de las relaciones humanas. Hay una galería riquísima de personajes secundarios sencillos pero ricos en su humanidad, en su humildad... Tras esta historia de desesperación y amargura, hay una inmensa ternura y respeto por la persona. Has dado voz a la gente sencilla, entrañable y la amistad central, nuclear -don Luciano y mosén Damián- te da fuerzas para reconciliarte con la humanidad.

A destacar las descripciones de las estaciones del año, del tiempo, del paisaje... -qué dominio de la capacidad expresiva de la lengua-; los guiños a tus autores y lecturas favoritas -Pío Baroja, Cervantes, Unamuno, Cernuda, Salinas, Jorge Guillén, Manrique...; tu amor por las palabras y Aragón...; la utilización de una sutil ironía para describir personajes que no interesa que los posibles lectores se enamoren - como cuando le haces pensar a Francisco Castán que el deán del cabildo, Don Carlos Lasaosa, es un cura culto y profundo conocedor del alma humana...; los nombres con que has bautizado los personajes -el inspector Servando Garciasol, por ejemplo...el Rezando Caraelsol...

En un papel, me he destacado tus metáforas, tus símbolos, tus figuras retóricas... Hay frases de una profunda poeticidad. ¡Qué gozada cómo has descrito y hablado del miedo, de la soledad, de la cobardía...! En fín, podría alargarme muchísimo y deseo profundamente que el estado español, la pell de brau como decía el poeta Salvador Espriu, no sea "barrido por el cierzo helado de la intolerancia y la insolidaridad", como pasó en aquellos años difíciles del franquismo en Pueyo de Arbués... Ha sido un gran acierto la estructura elegida de la historia: la técnica utilizada -avanzar y retroceder en el tiempo- y el capítulo "Destierro" -monólogo interior de Lucio donde su conciencia toma la voz (¿lo he entendido bien?)- han sido de un gran efectismo para mantener la atención.

Himno a la amistad, ópera a la docencia, canto coral -canon- a la buena gente, réquiem a la soledad, sinfonía a la tierra... Me gustaría formar parte de tu orquesta para poder elevar un canto enérgico, profundo, valiente...del buen entendimiento. Bravo por tu voluntad de rescatar del olvido y la muerte, también, expresiones, palabras, de tu tierra... y que suenen en una melodía de convivencia con otros sonidos, hermanos y cercanos.