Crítica de Carmen Romeo

Los personajes, los ambientes, las descripciones, el tema mismo me han abierto las carnes: me has contado mi propia historia.

Yo soy hija de dos maestros, de un pueblo semejante al Pueyo de Arbués. Cuando leía me sentía en la escuela unitaria de El Frago: has recreado todos los detalles, todos los trabajos escolares y las faenas del pueblo.

Fui alumna de la escuela unitaria de mi madre hasta los 13 años. A mí, y a otros alumnos, mis padres nos preparaban para hacer el Bachillerato Libre. Yo estudié en El Frago hasta Segundo de Bachillerato Libre (13 años). Los otros alumnos estudiaron hasta 4º y Reválida, porque en sus casas no podían pagarles los estudios.

En tu novela no falta ninguno de los tipos de esa época: recoges muy bien todo el ambiente opresivo y toda la tragedia callada. Yo en la vida, como les sucede a los personajes de tu novela, me he enterado de muchas cosas muchos años después de los hechos. Y yo creía que tenía que haberme enterado antes, pero ahora creo que fue mejor así, que ese silencio también es parte de la historia. Y, en mi vida, todavía hay cosas que están sin contar y verdades que están sin descubrir: como sucede al final de tu novela.

De mis padres aprendí lo que era enseñar para el futuro, ayudar en el presente y olvidar una parte dolorosa del pasado. Y su entrega me marcó tanto que me dejó incapacitada para dedicarme a cualquier otra cosa que no fuera la enseñanza. Como enseñaba Luciano Fanlo, con los maestros de El Frago aprendí que lo más importante de mi vida eran: la familia, los alumnos y los amigos. Por este orden. ¡Y así hasta hoy!

A final de tu novela, en la exposición de fotografías y en el pasillo del fondo leemos: IGUAL. ¡Qué imagen tan real!

Y lo que más me ha sobrecogido es alguien que no es de la familia, en este caso tú (quizá un alumno), haya tenido la generosidad de escribir una novela para rescatar a su maestro del olvido, y a todos los que como él dieron vida a los pueblos con perspectiva de futuro. Es algo tan extraordinario, Javier, que he sentido que me pertenecía un trocito de tu homenaje.

Gracias por haber escrito una novela tan entrañable y tan bella.

Gracias por haber sacado del olvido la labor callada y dolida de estos maestros que sembraron en un terreno y en unos momentos difíciles, de unos maestros que siguen viviendo en el recuerdo de sus alumnos, porque entregaron su vida de una forma extraordinaria.

Gracias por haberme contado una parte importante de mi vida.

Gracias por tu generosidad, en el fondo, gracias por ser como eres.

La novela me ha encantado. Mira si te digo que me ha gustado más que Historia de una maestra de Josefina Aldecoa.

Zaragoza, 3 de marzo de 2009

Carmen Romeo Pemán