Del amor y otras miserias

                       

[Los componentes del grupo Oroel Teatro de Jaca, que llevaban intención de representar una serie de piezas cortas de Rafael Mendizábal, pidieron al autor que les escribiera unos textos que dieran al conjunto del espectáculo la sensación de unidad que se suele esperar de una representación teatral. Los que siguen son los personajes y textos que creó Javier Gracia con ese fin. Al conjunto del espectáculo le dio el título de Del amor y otras miserias. Las piezas cortas de R. Mendizábal ensartadas por los textos de J. Gracia fueron La limpia, La sucia, El funcionario,El tonto de baba,Una lágrima en la arena, Náufragos, El aniversario, Hija no hay más que una, Té para dos, Callada como una muerta e Hija de mi alma con la distribución y estructura siguientes:]

 

TEXTO DE LA ADAPTACIÓN

 

(Baja la luz en el patio de butacas. Momentos después comienzan a oírse voces en una de las puertas de entrada .Es una mujer que protesta ,cada vez más airadamente, porque no le dejan entrar)

 

OTILIA.- ¿Cómo que no puedo pasar? Oye, niña, más respeto a una señora que a ti te está tratando con educación (Se oyen las réplicas en voz baja de la portera) Yo hablo en el tono que me da la gana. Y voy a entrar porque la conferencia no ha empezado. Además yo conozco desde cría (engolando la voz) a la Superintendente de Acomodadoras, mi vecina la Lola. ¡Lola, hija mía, sálvame de esta indígena!

LOLA.- Pero ¿qué haces llegando a estas horas, Otilia? Has tenido suerte de que al conferenciante parece que le ha dado un jamacuco antes de entrar y se está recuperando en el despacho del Jefe.

OTILIA.- Oye, búscame un sitio en primera fila, que me han dicho que el conferenciante... está como un pan.

LOLA.- No vayas a creer, es más bien feo. Lo malo es que las primeras filas están a tope.

OTILIA.- Pues, oye para estar lejos...

LOLA.- (Yendo y viniendo por debajo del proscenio) Vamos a hacer una cosa: tú te sientas en esa silla (señalando una que hay a la izquierda del proscenio) y te estás calladita ¿eh? muy callada: no le vayas a dar conversación al conferenciante como al XXXXXX en la tele.

OTILIA.- ¡Qué cosas tienes! Oye, cuánto tardan ¿no? ¿no habrá palmado el conferenciante? ¿Y, cuando venga, contará cotilleos de la tele?

LOLA.- ¡Serás burra! Sepas que la conferencia se titula nada menos que El potencial sociológico de la industria mediática.

OTILIA.- Qué coñazo ¿no? (pausa) ¿Y si les contáramos a todos estos las historias y cotilleos que nos sabemos tú y yo? Yo me sé muchas, eh, y muy buenas. De cuando era vendedora de libros, antes de casarme ¿me explico? (recita) ¡Editorial Universo Mundo, la mejor oferta editorial del siglo!. Me leí todo el catálogo: yo siempre he sido muy profesional. Me acuerdo de una historia de cuernos de una francesa que se llamaba Ema Bovari... (acentuación española) o algo así. ¡Qué carácter! Al final se suicida... no te digo más. Pero yo siempre he pensado que historias como las de mi barrio... No sé si te he contado alguna vez la de mi hermana, la Salus...

LOLA.- La verdad es que de nuestro barrio hay historias... Pero a mí, chica, siempre me han gustado las novelas. Después de lo de mi prima Tere (que esa también fue buena, la verdad) a mi me tuvieron encerrada, nadie se explica por qué. El caso es que me leí completa la Colección Chinchilla. ¡155 cm de larga! Ya sé que no es criterio pero es que, desde lo de Tere, se me ha quedado una obsesión por las medidas... ¡Qué novelas! Las Enciclopedias esas que tú me has contado que vendías, tan bonitas, no me gustan No sé ni cómo las compra la gente: debe ser para llenar estanterías. Quién se va a leer una Enciclopedia, a ver. Bueno acuérdate de aquel caso que salió en los periódicos: ¡el caso Gutemberg! Sí, mujer, un tío que se volvió majara leyendo la Enciclopedia Espasa, que hay que ser burro, y, cuando llegó a la palabra Gutemberg, le dio por hacer una copia de sí mismo y se metió en la prensa laminadora de la fábrica donde trabajaba. De cintura para arriba, como un filete de mortadela se quedó.

OTILIA.- Ya me acuerdo, ya. Pero, hija las enciclopedias me daban una pasta... Me acuerdo de que, un mes antes de casarme, vendí una de ¡6 m 40 cm! (Lola se extasía) Que, cuando le dije luego a mi jefe, que dejaba el trabajo y me casaba, aquel roñoso cabrón me dijo que si, con el pellizco de la enciclopedia, me iba a establecer por mi cuenta. Ahora gustarme, gustarme, las novelas, sobre todo las de polis, de investigadores ¿me explico? Aunque ya te digo que las historias de las novelas al lado de las que yo me sé de mi (silabea) entorno social ( ¡cómo hablo, eh! Lo que es haber leído) pues que se quedan pálidas, tía. Porque a ver... Oye, Lola, en serio. Podríamos contarle a esta gente (señalando al público) las historias de nuestro barrio que tú no sé pero yo me sé unas cuantas (hace el gesto de pronunciarla sílaba “co”pero se arrepiente al ver al público) pistonudas. Mira, por ejemplo, tipos (o tipas, como se diga) como mi vecina Maruchi no los he encontrado en ninguna novela. (Sube al proscenio) Mi sobrino, el calvo, que es muy redicho y muy desgraciado, el pobre, dice que padece obsesión paranoica por la limpieza. Para mí que lo que le pasa es que, en vez de echar polvos, los recoge. Es un caso, caso de verdad. En tiempos, me compró una enciclopedia de 2,68 metros (éxtasis de Lola) con lomos de piel y nervios bien marcados en la encuadernación; yo creo que para poder limpiar. A los dos meses de tenerla en casa, viene a protestarme de que los lomos de la enciclopedia están descoloridos y las letras de oro ¡grabadas a fuego! se le están borrando. Que se la cambiara ¡De eso nada, monada! Al final confesó: había visto en los lomos unas cagadas de mosca, sacó toda la artillería de lejías y estropajos y organizó una guerra química. Resultado: tiene una enciclopedia más pálida que el cadáver de Drácula. Oye, Lola, que se la voy a presentar, decidido. (Oscuro en el patio de butacas e iluminación progresiva del escenario) Ahí la tienen. (aparece Maruchi con todo el aparataje limpiador) ¿Es un caso o no es un caso? Pues si la dejan hablar...

 

La limpia

 

(Oscuro en escenario y luz en proscenio y pasillo de patio de butacas)

 OTILIA.- A ver ¿en qué novela encontráis un caso así? Lo que os decía: como las historias reales no hay. (Al público) Oye, os tuteo porque me estáis cayendo muy bien, sois gente lista: ¡habíais venido a oír un rollo sobre no sé qué del potencial sicológico.. de algo. No, yo no. Yo había venido porque los de la tele me van... un montón, sobre todo el Jesús Vázquez. A mi hermana Salus el que le gusta es Pedro Piqueras; pero a mí... ¡Jesús Vázquez! Vamos, que no hay color. Por cierto ¡qué desperdicio de hombre! Vamos, que si lo cojo yo, en dos días lo convierto... a la religión verdadera.

LOLA.- Otilia, que te estás pasando. (Otilia se excusa con gestos) Además, ya que has sacado el tema, a mí me gustaría contarles el caso contrario, el de la Bety: la fea, no, la guarra. Me contó el caso Marga, su vecina, (Amarga la llama la Bety). Marga dice... que, si Bety camina tan despacio, no es porque sea vaga, que también. Dice que no corre por prudencia: que, si corriera dentro de su casa, levantaría el polvo que hay por todas partes y ya hubieran muerto asfixiados su marido y ella. Amaranta, la madre de Marga, que aún es más cotilla que la hija, dice que Bety al nacer era más blanca que la leche, pero que luego con el tiempo, el uso y el poco.... uso (hace gestos de lavarse la cara) de jabón, digo, le pasa lo que a los barnices: que oscurecen. Pues ahí la tienen: Bety

 

La sucia

 

LOLA.- Ni se nos ocurre decir tal cosa, para qué ¿verdad, Otilia? Total, como estos señores no son de la ONCE...

OTILIA.- Lo que es la vida se explica sola ¿verdad, tú? Por cierto, Lola. (haciendo un aparte mientras mira descaradamente al público) Aquí “betis” no parece que haya, pero veo unas cuantas que igual no se llaman Maruchi, pero por las pintas...

LOLA.-¿Te quieres callar, cacho burra? Ustedes perdonen: es que, cuando a la Otilia se la suelta la boca...

OTILIA.- Calla, calla, modorra. Yo lo decía por aponderar lo distinguido que es este público.

LOLA.- Se dice ponderar: que, para ser tan leída, metes cada una...

OTILIA.- Hala, déjame; que, desde que has terminado con la Bety, se me ha ocurrido que os podía contar el casico de un amigo de mi sobrino, el calvo, tan malaleche como él. Funcionario del Ministerio de Hacienda o de Oras Públicas...; no sé. Como siempre, en vez de presentarlos, es mejor dejarlos actuar ¿no?. Ahí va el funcionario

 

El funcionario

 

 

LOLA.- ¿Qué, conocen alguno así? Van quedando pocos, la verdad. Especie a extinguir, afortunadamente.

OTILIA.- Pero, hija, es que, además de ser un bruto y un malaleche, es tonto de baba el tío ¿eh? Que por lo menos hay que saber a quién tratas mal, animal. Te lo digo yo, Lola, que gente como la de aquí... (Otilia señala al público y Lola hace gesto de botar una pelota) en nuestro barrio no hay mucha. La verdad de la verdad es que tú y yo somos lo más selezto (sic).

LOLA.- (Hace gesto de perdonarle el gazapo) Sí, en el barrio hay de todo; y mucho tonto también, la verdad. Pero ¡ojo, eh, Otilia! Que hay tontos que hacen tontear, eh. Mi tía Carola, la madre de Teresa, la del caso..., pues esa nos contaba la “historia del tonto de baba”, que decía que había pasado en su pueblo. Y digo yo si no aprendería mi tía Carola del tonto de su pueblo...; pero eso ya se lo contaré más adelante. El que viene por ahí es Frasquito, el tonto del pueblo de mi tía Carola. (Aparece por el patio de butacas haciendo bromas al público)

FRASQUITO.- Hola, Carola. Toma (Le tiende un caramelo. Cuando Lola va a cogerlo, Frasquito se lo retira y sube riendo al escenario)

Lola.- Me ha llamado Carola porque me parezco mucho a mi tía. Y mi prima Teresa y yo es que somos iguales. Pero les dejo con Frasquito.

 

El tonto de baba

  

 

OTILIA.- ¡Joder con el tonto!

LOLA.- Ya te lo decía yo: un tonto gingi que para listo valdría. Que hay muchos que se lo hacen, Otilia.

OTILIA.- Me lo vendrás a decir a mí que el otro día tuve una bronca con Juana, la del número 13 que tiene un hijo tonto ¿sabes cuál te digo? Pues esa. Estábamos de palique en su escalera, que si tal, que si cual... Yo con un pie en una escalera y el otro en la de arriba y pilla el tonto por detrás y me mete mano a la entrepierna. Y la Juana que perdonara, pobrecico, mujer, que ya sabes que es tonto. ¡Coño, tonto, tonto! Que ya le dije yo: “Tonto sería si te hubiera metido mano a ti: que bien ha sabido elegir, el jodío”

LOLA.- Vala, Otilia, vale. Que a mí me va a costar el puesto como se entere mi jefe, el supervisor de acomodadores...

OTILIA.- Pero ¿no eres tú la supervisora, hija mía?

LOLA.- Para eso iba, pero nombraron a Patricio.

OTILIA.- Pues anda que ese también... En fin, hablando del tema: que a todos los tontos se les aparece la virgen. (Baja del proscenio para consolar a Lola y, de pronto, se le ilumina el rostro. Mira al público y) Se me acaba de ocurrir otra historia... (gesto de “coj”) de las que hacen época: la de Carmen, mi vecina del otro lado de la calle. Me lo contaron en la frutería, pero yo ya... tenía noticias: como la casa de la Carmen cae frente por frente de la mía, pues de alguna cosa... me había yo enterado antes de que nadie lo supiera. Que se le había aparecido la Virgen, ya veis. Tonta no era mucho (lista tampoco ¿eh?) Pero que dice que se le apareció la Virgen. Y armó una en el barrio... Bueno; ahí la tenéis. Que os cuente, que os cuente ella.

 

Una lágrima en la arena

                       

 

OTILIA.- ¡Que jodía la Carmen! Es verdad lo que ha dicho ¿eh? que yo la vi desde mi casa riqui-raca con el estropajo y con el Peret a toda pastilla. Se levantó, miró la tinaja de lejos, dio el visto bueno (gesto de “ahí queda eso”) y apagó la música. A mí es que me gusta hablar bien, ya lo habréis notado. Ya veréis, ya: (Bajando al patio de butacas) Oye, Lola, cielo ¿dónde esta el excusado) (Guiñando el ojo al público) que es que tengo una necesidad inexcusable (Otro guiño)

LOLA.- (Con gesto de “Toma castaña con la culta”) Mira, sal por donde has entrado y tiras al fondo a la izquierda. (La deja salir) ¡Ay, esta Otilia, esta Otilia! Es muy leída, sí. Y le gusta tirarse pegotes. Para disculparse de lo que le gusta enterarse de todo, dice que ella es ANALISTA SOCIAL DEL ENTORNO INMEDIATO, dicho en cristiano, cotilla. Mi madre, que tiene mucha guasa, me dice que el de Otilia es un caso de predestinación: es que se llama OTILIA(señalando su oído) MIRANDA (indicando su ojo) La verdad es que se trata de toda una profesional del ramo, del de las cotillas, claro. Les ha dicho que desde su casa se ve muy bien la de Carmen. Por supuesto: especialmente si se tiene un pequeño telescopio instalado tras los visillos del dormitorio. Los vecinos de todo el entorno están aburriditos. Menos Purita, la de la tienda de tejidos, que me tiene dicho que, desde que Otilia instaló el telescopio, ha vendido todos los rollos que le quedaban desde hace años de terciopelo para cortinas.(Pausa) Una profesional, sí señor. Sus vecinas de escalera me han comentado que tiene también un ¡fonendoscopio! Eso que se ponen los médicos para oírnos el corazón. Pues tiene uno y ausculta las paredes de todas las casas de la escalera. Un caso ; y de los de verdad que dejan chiquitos a los culebrones más retorcidos ¿o no?. (Bajando la voz) ¡Ay, que ya vuelve! (En tono normal) Pero qué rápida; Otilia.

OTILIA.- Es que sólo era una necesidad... aérea, ¿me explico? Menuda cómo se ha puesto tu amiga, la de la puerta, porque no me he metido en el retrete y me he rajado allí, en el jol ¡Ay, perdón! No era para ponerse así, mujer, que me he retirado por lo menos ¡cinco metros! Que tampoco era la bomba hache, digo yo. “Pues menos mal que nos estás entretuviendo a la gente, que, si no, a patadas te echaba” Eso me ha soltado. Que ya le he dicho: “Se dice entreteniendo ¡inculta, más que inculta!” Si es lo que digo yo: se pasan la vida sin leer un libro y luego les resulta (recalcando) “inverosímil” hablar de una forma o de otra. Bueno, Lolita, que te toca ahora a ti contar algo. Venga.

LOLA.- Pues ahora... me pillas... Espera ya se lo que voy a contar. ¿Te acuerdas de aquel novio negro que tuve yo hace dos años, que me lo tenías tan vigilado?

OTILIA.- Es que, hija mía, lo merecía, eh: que era muy... hombre el José. Menuda... zapatilla se le marcaba debajo del pantalón cuan te achuchaba en el portal. Vamos.

LOLA.- (Al público) ¿No les digo lo que hay?

OTILIA.- (Frotándose las manos) Y ¿qué nos vas a contar, qué nos vas a contar?

LOLA.- Les voy a contar una historia del padre de José, mi novio... el negro.

OTILIA.- Pues ¡vaya cosa! Yo pensaba...

LOLA.- Es una historia que igual no es verdad, pero que, de vez en cuando, no estaría mal que lo fuera. Ya lo comprenderán ustedes al final.

 

Náufragos

 

 
 OTILIA.- No, qué va: no era racista el tío. Es lo que yo digo: que todos somos iguales. Y algunos superiores ¿me explico? Como el José, el novio de esta que era una pieza de tío como para dejar servidas a todas las del barrio. Pero va esta y sale con que si era muy vago, que sólo pensaba en una cosa. Pues en qué iba a pensar, hija mía, con semejantes atributos. ¿Hablo bien o no? Y es que en tu familia las mujeres sois un rato tontas. Como tu prima, otra igual.

LOLA.- Oye, con mi prima no te metas. A mi dime lo que quieras que aquí estoy para defenderme si quiero. Pero con mi prima.... Además su caso fue contra su voluntad. El mío la verdad es que fue diferente. A veces creo que me arrepiento de haberle dado calabazas.

OTILIA.- Ya puedes, ya. Además es que a las Idoipe instinto no os falta, barruntáis bien... el género. Lo que pasa es que luego os faltan arrestos, para mi que os asustáis. ¡Almas de cántaro! A mi me tenía que haber tocado una proporción así. O a la Pepita, la del tío Canuto; o a la Engracia, la de Julio, el del Corte Inglés. Que cada cual tiene su historia... de culebrón venezolano para arriba.

LOLA.- Pero lo de Pepita...

OTILIA.- ¡Ay, lo de Pepita, lo de Pepita y Canuto..! Que os lo cuenten ellos.

 

El aniversario

  

 

 OTILIA.- ¡Eso es un remate elegante, sí señor! “Tienes razón, Canuto. Pero qué a gusto me quedo.” Toma castaña. Oreja y rabo y el Canuto por la puerta pequeña y a la calle, aunque se quedara en casa.

LOLA.- Qué fuerte ¿no? Lo del rollo bollero no me lo sabía yo. Pero, si tú lo dices, verdad será. A mi ¿ves? eso no me tira.

OTILIA.- Toma ni a mi, ya te habrás dado cuenta. Pero como desplante, cojonudo ¿no?. Sí he dicho cojonudo ¿qué pasa? En el diccionario viene; en la c. A ver si no va a poder decir tacos más que Cela.

LOLA.- Cela ya ni los dice ni los calla: está muerto.

OTILIA.- Pues no lo sabía. Que en paz descanse. Pero, si está libre la plaza, la ocupo yo ¡qué coño!

LOLA.- Ya vale, Otilia, que me va a costar un disgusto esta tertulia.

OTILIA.- No te lo creas tontica: cuando terminemos con esto nos vamos a subir al despacho del gerente a pedirle el “caché” de este espectáculo.

LOLA.- Sí. De menuda... cara está desde lo de su padre y su hermana, la Purita.

OTILIA.- Pero, hija, de eso hace dos años.

LOLA.- Pero reconocerás que fue muy gordo. Desde luego la Purita, como su hermano, tenía una mala...

OTILIA.- ¡Leche! Se dice mala leche, y no hay más.

LOLA.- ¿Te sabes la historia? (Otilia hace el gesto de “así así”) Pues mira, que nos la cuentan.

 

Hija no hay más que una

 

 

 OTILIA.- Y picadillo para los peces. ¡Vaya familia! ¿Sabes qué te digo? Que no vamos a subir a cobrar. Además por estos señores tan simpáticos yo lo hago de gratis; te lo juro.

LOLA.- Toda la vida lo has hecho.

OTILIA.- Pero hoy no me importa no cobrar ¿me explico? por la satisfacción de haber contado estas historias tan verdaderas aquí, en un PALACIO DE CONGRESOS. ¡Toma castaña, Mª Dolores!

LOLA.- Y ¿a qué viene ahora retirarme lo de Lola?

OTILIA.- Que me dejo llevar de la emoción y la elocuencia (guiñando el ojo) , corazón.  

LOLA.- Oye ¿por qué no nos cuentas la historia la historia de Engracia, la de Julio? Que antes la has mencionado e igual eres capaz de marcharte sin contarla.

OTILIA.- De eso yo no he sido capaz desde que andaba a gatas, o sea, nunca. Si es verdad o no lo que te voy a contar, se lo preguntas a tu tía Mercedes, tu tía segunda es de la calle Curtidores, que fue vecina de los padres de Julio toda la vida. La Otilia cuenta mucho, pero todo verdad; no como otras. (Señalando el escenario) Ahí las tienes: Engracia y su... amiga Marina.

 

Té para dos

 

 

 OTILIA.- (Canturrea)” Cómo se puede querer

                                       a dos mujeres a la vez

                                       y no estar loco”.

Así tenía que haber unas cuantas mujeres por el mundo. Y que no las condenaran: que las pusieran como ejemplo. Otro gallo nos cantara. Lo malo es lo que subiría el precio del té... por exceso de demanda. Pero mientras el mundo esté lleno de tontas como tú, vamos, y como yo que mucho hablar, mucho hablar pero luego... Que, si llego a tener lo que hay que tener, a mi sobrino, el calvo, lo rajo después de hacerle a mi hermana lo que le hizo. Me voy a llamarla, a mi hermana, que fue la perjudicada y cuenta las cosas aún mejor que yo. Sobre todo esta que es la suya. Ella se lo va a contar con un estilo y un salero...

LOLA.- Hasta ahora, Otilia. (Al público) Su hermana se llama Salus, Salustiana, vamos; que hay que tener valor para ponerle a una hija así. Pero el padre de estas andaba siempre con el calendario zaragozano a vueltas para ponerles nombres a los cuatro hijos y así les fue: Tiburcio, Salustiana, Otilia y Elicio se llamaron; que el Tiburcio ya murió. Para llevarlo al juzgado, al padre digo; al mismo juzgado donde les puso los nombres para que lo condenaran a él. Y ¡mira que hay por el mundo perjudicados del calendario zaragozano! Mi madre decía que los de ese calendario lo hacían a posta: ponían el nombre más feo el primero para que picaran pardillos como el padre de Otilia. Yo no sé, no sé, pero algo de eso... Mira por dónde viene la Salus... (desaparece de la sala discretamente)

  

Callada como una muerta

 

   

                        (Se retira Salus entre bambalinas y vuelve convertida en Otilia)

OTILIA.- Ya se habrán fijado en quemi hermana, la Salus, callada, lo que se dice callada, ni debajo del agua. Pero ¿a que les hizo una buena al calvo y a la gorda? Ya les vale con eso, ya, si han querido o han sabido aprender ¿me explico?. Es que son más cortos que la vista de un topo; y seguro que ese recrío de bestias que tienen en casa les hacen lo mismo a ellos y no saben reaccionar como mi Salus. ¡Olé con sus ovarios! Las mujeres de mi generación somos de otra manera: si se nos trata medianamente bien y no se nos pone en el disparadero, aguantamos lo que haga falta. Pero, como se nos ponga mucho a prueba, ¿me explico? podemos armar la de San Quintín, que fue una batalla.... ya saben ustedes (Hubiera dicho” cojonuda”, pero se reprime, aunque lo dé a entender con claridad).  

Y hablando de estas cosas, a la que le pasó lo que no está escrito en ningún libro pero si en la historia de este barrio es a Teresa, la prima de Lola. ¿Qué dijenda en todo el barrio! Yo, la verdad, como aprecio mucho a la familia, procuré no meter mucha cucharada; pero hubo chocolate para dar, vender y regalar. ¡Vaya si lo hubo! La obsesión por las medidas que decía Lola que le viene de la historia de su prima Teresa, de esta, de esta historia le viene. Bueno, que ya ha quedado claro aquí que algo habrá tenido que ver su historieta con el José, su novio el negro, el que calzaba... del 50. Pero mira si es tuna la Lola que, con las horas que se han hecho, se va a escapar sin contarnos su historia. Hala, pues quedamos para otro día ¿vale? y que nos la cuente. A ver si va a ser ella la que se nos escape viva, ¿me explico? (Mira al escenario) Bueno, me callo que ya aparecen la Teresita con su mamá, doña Carola. Era el día de la boda de la niña.  

 

Hija de mi alma

 

  del amor y otras miserias 1