EXPO. DE Nereida Jiménez

EXPOSICIÓN de NEREIDA JIMÉNEZ

RIÉGALO CON AMOR

 

 uno            Toda manifestación artística, lo desee o no su autor, acaba siendo de alguna manera un reflejo de la forma de ser, de las vivencias, del carácter de quien la creó. Contra esto se puede argüir que autores existen que decididamente optan por esconderse y acaban desapareciendo tras la técnica y argumentos de sus obras. Es cierto, pero no me negaréis que eso mismo no es más que otra forma de reflejar su forma de ser y su modo de entender el arte.

        Viene esto a cuento de que, a mi juicio, la obra que hoy nos expone Nereida Jiménez es una obra directamente lírica en el sentido de que no es que, de alguna manera más o menos lejana, sea espejo de la artista que la creó sino que deliberadamente ella toma sus vivencias, sentimientos y emociones como tema y ocasión inmediata de creación. En este sentido nos confesaba días pasados Nereida que la obra expuesta, además de la instalación que ocupa aquel rincón, formaría tres series:

  • una de óleos en formato mayor, de hace ya unos años, que toman como punto de partida “sentimientos o situaciones de la vida que nos pueden angustiar e incluso sobrepasar en ocasiones”. La turbulencia de esos cuadros la testimonió ella en su momento titulando la serie como Desórdenes mentales tras realizarla plásticamente con esa paleta de colores tan expresionista y con la conjunción de elementos naturales y artificiales, vivos y muertos, pintados e incorporados a la textura del cuadro del que por momentos se despegan. Con dificultad, pero sin dudarlo, de todos esos cuadros yo preferiría el titulado Diente de león en que el desorden de lo natural y el aparente orden de lo artificial-artificioso esconden y sepultan un rostro de belleza serena. Tal vez la interpretación de este humilde contemplador tenga poco que ver con tus intenciones estéticas, pero, como receptor y último escalón de la comunicación artística, acabo de ejercer ese último paso de tu creación que es nuestra interpretación, en este caso la mía.
  • La segunda serie – un verdadero conjunto - la formarían esas ilustraciones en acuarela y tinta que reflejan, según tus propias palabras, “objetos y recuerdos sobre mi reciente maternidad”. Lirismo en estado puro. Y, por si no quedaba claro, os animo a todos a que os acerquéis a los textos incorporados: déjame compartirla (¿la lágrima quizás?) y Riégalo con amor. Por cierto, Nereida, comprendo y comparto tu elección de este cuadro como portada y de su texto como título para esta exposición.
  • En la última serie por orden de aparición, nos presentas otra suerte de lirismo: tus obras convierten en plástica la belleza literaria de algunos poemas de Mohan Rana, poeta natural de la India. Fallado el intento de Nereida de que el propio autor viniera a leerlos, allí los tenéis transcritos al lado del cuadro que los traduce o parafrasea.

Hace unos días, tras presentar su espectáculo El arte de la danza entre los cuadros de Museo Thyssen, le preguntaban a Víctor Ullate si “se puede bailar una pintura”. Él contestaba que por supuesto “se puede bailar inspirado en una pintura”. Claro, solo hace falta la imaginación suficiente para saber decir lo mismo cambiando de lenguaje. Evidentemente las fronteras del arte son lábiles, maleables y es posible bailar una pintura, pintar una danza, poetizar una sinfonía, musicar un poema, filmar una novela, novelar una filmación, versificar sobre un cuadro o… pintar sobre unos versos: lo que tú has hecho para nosotros. Gracias por la demostración.

Este que os habla, viejo adicto a las letras, no puede menos de resaltar en esta obra pictórica tu seducción por los textos literarios: los incorporas impresos, estampados, bordados, integrados dentro de la línea y colores del cuadro, de sus raíces,… o los tomas como estímulo de creación. Y nunca son un mero recurso plástico: en todos los casos se encuentran al servicio de esa vena lírica, ya comentada, de tu obra plástica.

Me gustaría referirme ahora a la variedad matérica de tu obra que no llama la atención en la instalación, cuya naturaleza estética casi lo exige, sino en tus cuadros a los que incorporas como vehículos plásticos no solo acuarelas, tintas, óleo o acrílicos sino otros variados recursos como elementos vegetales (flores, plantas,…) o textiles (hilos sueltos o en bordado), estampaciones directas sobre el lienzo o incorporadas en collage, textos impresos, lajas de nácar,… hasta banderolas añades…

Para terminar, quiero hacer un pequeño comentario, no sé si pertinente o im-pertinente, de algo que me ha llamado la atención. Al entrar a la sala y contemplar en conjunto tus cuadros se advierte una presencia casi general de las líneas curvas y envolventes, de las ondulaciones que marcan la dinámica del cuadro o la constituyen en su totalidad, de olas, ondas,… Y yo, que no soy precisamente nominalista, no he podido sustraerme a la asociación de este detalle con tu nombre, Nereida, diosa de las ondas marinas. Acertó quien te puso tu bello nombre.

Y nada más, Nereida. Gracias por habernos traído esta tu obra tan hermosa, variada y original.

 
dos  
--
 
   
tres  

            Javier Gracia