EXPO. DE Jorge de los Ríos


PAISAJES SOBRE EL ZINC 

   --            Tenemos ante nosotros una muestra de arte, del arte de Jorge de los Ríos. Decir arte es decir búsqueda, renovación y ruptura. Porque la función artística consiste en que el mensaje llame la atención del receptor sobre la propia forma del mensaje. Y lo manido, lo esperable y esperado no llama la atención, ni convoca a la atención. Por eso os decía al principio que esto es ARTE – búsqueda, renovación, ruptura – gozoso arte.

            Jorge comienza por romper con el soporte o soportes tradicionales de la pintura. Y esto en dos sentidos: 1) adopta un soporte nuevo, diferente – el zinc – que inevitablemente había de condicionar la textura de su obra – uso de barnices y esmaltes industriales – y que emerge cada vez más a la realidad plástica definitiva del cuadro; y 2) convierte a su soporte en vehículo directo, en protagonista de su arte

            El que os habla, viciado de Literatura, piensa ante estos cuadros en esos juegos literarios que hacen, de la materia, del soporte de la Literatura, es decir, de las palabras en su textura fónica y en sus asociaciones paralingüísticas como la connotación, el instrumento para captar la atención del lector, o sea, para el arte.

            Piensa uno en aquel texto de García Márquez “... no sé que pendejo mejunje de jarapellinosos genios jerosimilitanos...” en que lo que importa es la estropajosa materia fónica (el soporte) de la frase; y apenas su significado.

            O en aquel “... con el ala aleve del leve abanico...” de Rubén en que la lateralidad flotante de las eles recrea la imagen del movimiento del abanico más que lo hace el significado de las palabras empleadas.

            O en aquel texto en que Lorca retrata la deshumanización de la ciudad de Nueva York con la materia adherida por connotación a sus palabras, más que con su significado; aquella ciudad

            “... donde espera la dentadura del oso,

            donde espera la mano momificada del niño         

            y la piel del camello se eriza en un violento escalofrío azul.”

            Perdón por volver a mis hábitos literario-docentes. . Volvamos al arte de Jorge de los Ríos. Hablábamos de la importancia del soporte en su pintura. Él, efectivamente, viene trazando su trayectoria artística en esa línea de progresión que va desde la invención y el compromiso con un soporte nuevo, el zinc, hasta la conversión del mismo en el protagonista matérico de su obra.

            Otra línea constante observable en su obra es la opción por la abstracción, también ella de doble signo: abstracción expresionista en los cuadros de los 90 y abstracción geométrica en los cuadros de los 2000.

            Podríamos distinguir también, dentro de la primera etapa, la expresionista, una fase inicial de violenta gestualidad, de formas envolventes y tumultuosas que, como dice de él Rafael Ordóñez, crea ante nuestros ojos un “abigarrado y pasional movimiento de paisajes borrascosos”.

               En una segunda fase su arte se serena y, aun manteniendo una paleta cromática totalmente expresionista, logra espacios más ordenados en que se bosquejan elementos de estructura arquitectónica, paisajes naturales de una potente fuerza expresiva,... Me parecen fantásticos de esta época los cuadros titulados Meldar y Feroe.

            El titulado Fahr, del año 2000, representa en esta exposición el paso a la abstracción geométrica, época en la que el zinc adquiere ya protagonismo absoluto. Interiores arquitectónicos, objetos y presencias apenas insinuados se hacen presentes con el pulido y lijado, con las abrasiones físicas o químicas del zinc y con muy leves aportes de pintura-esmalte. Notable ejemplo de ello es el cuadro elegido como portada del programa de mano en el que los distintos tratamientos del zinc generan en perspectiva una hermosa sensación de tres dimensiones.

            En la última fase de su producción Jorge reduce su geometría a los ángulos rectos que aportan cuadrados, bandas anchas y rectángulos e introduce en esas estructuras rectangulares aportes de color en tintas planas (rojos, azules, amarillos,...) que resultan fundamentales en la estructura final del cuadro.

            Para terminar, y en referencia a esta época, querría resaltar lo que críticos como M. Pérez Lizano o C. Rábanos han hecho notar: el carácter especular de algunos cuadros. El espectador atento se siente metido en ellos por un perspectivismo que se sale del lienzo para atraerlo al interior de la obra. No he resistido la tentación de asociar este juego de espejos al que, por otros medios, logra en el espectador Velázquez en Las Meninas con aquel otro espejo – pintado él – en que están reflejados el Rey y la Reina quienes, por lo tanto, en el espacio real se encontrarían al lado de quien contempla el cuadro.

            Tú con tus espejos de zinc nos invitas también a meternos en tus cuadros. Y quede esta observación para el análisis erudito de quienes se sientan con fuerzas para ello. A mí me resta agradecerte que, también por este medio, me hayas dejado colarme dentro de tus hermosos cuadros.

uno  
dos  
tres  

 Javier Gracia