EXPOSICIÓN DE ANA MORALES

 

          A la hora de presentaros esta sorprendente maravilla o esta maravillosa sorpresa de exposición, la que ha tenido la gentileza de traernos nuestra vecina, soriana ella, Ana Morales, se me ha ocurrido – la cabra siempre tira al monte, glosaros un par de frases con las que os habréis topado en esta exposición.

         La primera aparece en el catálogo que José Miguel nos ha preparado y es de Susan Sontag:

“Una fotografía se supone que está hecha para mostrar, no para evocar.”

            Esta frase recoge, con la contundencia de la brevedad, el espíritu, la intención que anima esta exposición de Ana Morales: mostrarnos objetos, vegetales – iris, árboles – o seres humanos y arrancarlos del momento, de la circunstancia concreta que los sometería a la asunción de un significado en realidad subsidiario, debido al momento, al entorno.

            Es tal el ánimo de Ana Morales de esencializar los elementos que se muestran a su objetivo, los objetos de su plasmación fotográfica, que los libera de todo.

            Los árboles, por ejemplo, quedan liberados hasta de sjus brotes y sus hojas – cambiantes ellos, accidentales – y se ven reducidos a la corporeidad esencial, a la adusta y desnuda sobriedad de sus troncos.

            Los iris se nos muestran, en cambio en lo esencial de su ser: la floración. El resto de la planta queda reducida por difuminación o, simplemente, desaparecida.

            Otro tanto ocurre con los objetos-utensilio que apafrecen liberados completamente del hombre que los maneja, del lugar y hasta de la función que los podría definir desde fuera.

            Incluso los seres humanos, sin entorno, sin compañía, se nos muestran en la actitud que interesa a la artista: alucinación, decisión tranquila, curiosidad sometida,...

            La “mostración” quizás llega al máximo en la serie Nueva York que convierte sus retratos en una significativa secuencia de inhabituales aspectos definitorios de la ciudad como pural realidad urbanística. Si aparecen los humanos, quedan reducidos a unos elementos más del paisaje, como los escaparates o los muros desconchados.

            Os propongo la observación de la serie mística como un testigo del proceso creativo de Ana: ella trabaja las fotografías en este tamaño, las pinta, las esgrafía y luego será la técnica la que la ayude a dar el salto a estos grandes formatos que componen la exposición.

            Estaba pensando yo ahora – no sé por qué – en una pintura de Goya, en La familia de Carlos IV. Si me he atrevido a explicaros mis impresiones anteriores sobre la obra de nuestra invitada, que está viva y aquí, bien me puedo atrever a explicaros esta peregrina asociación de realidades plásticas en la que meto a Goya que no va a decir palabra.

Sigo pues. Os decía que yo creo que Goya en su cuadro no nos evoca un momento. No se trata de una foto de familia supeditada en su significado al gesto casual de cada persona en aquel instante. No. Goya pretende y consigue mostrarnos la personalidad de cada uno de ellos, con un realismo cruel en muchos casos. Si repasamos uno por uno aquellos personajes, nos percatamos de la forma de ser que el artista nos muestra de cada uno, y, por tanto, del conjunto: la familia.

Mostrar. Es la palabra en aquel cuadro. Y aquí, en esta exposición de Ana Morales, también.

La otra frase que os quería glosar es la que aparece, en inglés, inscrita en uno de los cuadro de la serie Nueva Cork. Nos viene a decir, con un cierto distanciamiento irónico, que para que el arte nos haga efecto debemos creer en él.

Todo arte, sobre todo el que explora y busca caminos nuevos – como el de esta exposición –, precisa una actitud de fe humilde en que la creación artística puede emerger por donde antes nunca lo hizo. ¿Estamos ante una típica exposición de fotografía? Pues no. Lo que tenemos delante no son meras plasmaciones de momentos.

Tampoco se trata de selecciones de formas hermosas como hace magistralmente nuestro paisano Rafael Navarro; ni juegos de elementos fotográficos en collage como los de Pedro Avellaned, por citar nombres cercanos a la historia de esta Sala.

Pero, si creemos en el arte, nos encontraremos aquí con una obra en la que Ana Morales aparta la hojarasca y nos lleva a la contemplación de la realidad plástica esencial, troncal de aquello que toma como objeto de su arte.

Gracias, Ana, por tu búsqueda, tu trabajo y por la obra con que nos regalas en esta exposición.

 
uno    
dos    
tres    
cuatro --