Viaje a la Argentina (2)

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POR TIERRAS DE LA ARGENTINA Y CHILE

 

Día 13.-   DESTINO BUENOS AIRES

Desayunamos por última vez en el Che Lagarto: su café no tan malo como el que suelen ofrecer muchos hoteles, su discreto pero suficiente repertorio de alimentos fríos y calientes y su zumo de naranja exprimido “a brazo”.

Bajamos las maletas a recepción y esperamos al microbús, que tarda en llegar. Cuando lo hace, el conductor con mucha cachaza nos tranquiliza con un “Les va a sobrar tiempo”. Y salimos de Puerto Iguazú, dejamos atrás sus maravillosas cataratas, el espléndido comienzo de nuestro viaje argentino.

Los trámites del aeropuerto han resultado, en efecto, extremadamente sencillos en el diminuto aeropuerto de Iguazú. Y el viaje ha discurrido también sin ningún problema salvo un pequeño retraso, casi litúrgico y tal vez de obligado cumplimiento, en la salida del avión.

Al llegar a Buenos Aires hemos contratado un remís, uno de esos vehículos que no lleva taxímetro y en el que se acuerda precio antes de partir. Es apenas una furgonetilla y en ella nos hemos metido los cinco expedicionarios con nuestros voluminosos equipajes.

Afortunadamente no habíamos cogido dos taxis porque el recorrido ha resultado de lo más penoso, entorpecido por una manifestación en protesta por la represión violenta de unos inmigrantes. Al parecer habían ocupado un parque con sus chabolas, la policía entró a saco a desalojarlos y se produjo la muerte de al menos cuatro de ellos. El taxista nos ha dicho que en realidad habían sido quizás diez. Estos contrastes hacen pensar en lo injusto que es el mundo: mientras esto sucede aquí, nosotros venimos a disfrutar de unas estupendas vacaciones….

Preguntado por nosotros, Raúl, el conductor del “remís”, de ascendencia gallega, ha tirado un par de andanadas contra el Gobierno y los justicialistas. “Otros estarán contentos. Yo no les debo nada”, nos aclara.

Como en el avión nos habían repartido un tentempié, una vez aseados e instalados en nuestras habitaciones, nos hemos lanzado a cambiar dinero, primero, y a conocer algo de esta ciudad después. 

Tras hacernos con unos cuantos pesos, hemos comido unas pizzas y nos hemos dirigido a la zona de Puerto Madero. Se trata de un antiguo puerto comercial que llegó a ser el más importante del país pero que pronto quedó obsoleto y fue abandonado. En los años 90 se hizo un plan de modernización integral y se ha convertido en la zona más chic de Buenos Aires. Hemos recorrido sus dársenas, atravesado el esbelto puente de Calatrava – muy de Calatrava – y recorrido el Parque de las Mujeres Argentinas. Tomado un refrigerio en forma de agua, hemos regresado al hotel aprovechando el recorrido para visitar Plaza de Mayo con sus emblemáticos Casa Rosada, el Concejo y la Catedral. Estos edificios junto con el Banco de la Nación Argentina componen un conjunto que habla bien a las claras del esplendor de aquellos tiempos y… del carácter argentino tal vez un tanto presuntuoso. Nosotros mucho más discretos, al llegar al hotel, nos hemos conformado con comprar piezas de fruta de varias clases y meternos en nuestra habitación triple (Marga, Merche y Javier) y hacer una cena sana y frugal. Luego, un rato de tertulia y a descansar.

Día 14.-   ACERCAMIENTO A LA GRAN CIUDAD. Nuestro plan para este día, ya desde las sesiones preparatorias de Zaragoza, era el de tomar un bus turístico y realizar con él una visita panorámica de la ciudad que cumpliera dos funciones: la de hacernos una idea general y aproximada de lo que es la ciudad y la de pararnos a conocer más en detalle dos barrios, el de la Boca y el de Palermo. Resulta que el al bus turístico te permite con un solo billete apearte donde y cuando quieras para luego reemprender el recorrido. Y así lo hemos hecho (o hemos comenzado a hacerlo).

14 Hemos ido a la parada 0, en la calle Florida, para sacar nuestros billetes y comenzar la visita turística. El tal bus dispone de unos cascos informativos (en doce idiomas) para cada pasajero: tú pinchas tus auriculares en el idioma deseado y comienzas a oír una explicación de los lugares y monumentos más importantes que jalonan el recorrido. Así hemos ido recibiendo información de Plaza de Mayo, Avenida de Mayo, Plaza del Congreso, Corrientes, 9 de julio, Belgrano. Ya en San Telmo, hemos podido recorrer los aledaños de Puerto Madero y el paseo Colón para llegar a la Boca donde nos hemos apeado al lado de la vuelta de Rocha, muy cerca de Caminito y su pintoresco racimo de calles. Apenas hemos asomado a la entrada de la calle Caminito, nos hemos topado con un tipo que me ha llamado la atención porque parecía cultivar su evidente parecido con Maradona. Bueno, pues ha resultado que no solo cultivaba tal parecido sino que había hecho de él una profesión: “¿querés tomar una fotito con Maradona?”, le iba diciendo a todo el mundo. Y, maravilla mayor, los había que se la tomaban. Nos hemos metido a continuación en esa extravagante combinación de colores y pintorescas decoraciones de carácter descaradamente prostibulario que es la calle y zona de Caminito. Hemos visto y remirado cientos de artesanías de mayor o menor calidad y Merche y yo nos hemos remediado la necesidad de un sombrero – en su caso – y de una gorra en el mío. Lo mío ha resultado paradójicamente más penoso de solucionar porque TODAS las gorras eran de Boca Juniors – lo cual no era inaceptable – pero lo eran sobrepasando los límites más indiscretos de lo hortera y explosivo. Por fin he encontrado una gorra, de Boca Juniors por supuesto, bastante discreta de colores y ornamentación y he remediado mi problema de amenaza de insolación. Recorridos los mil rincones, callejones, escalerillas y vericuetos menores, estábamos ya muertos de sed y hemos recalado en uno de los infinitos baretos que nos habían ofrecido sus servicios casi al asalto. Era uno de los que, a modo de reclamo – y de justificación de la factura posterior – ofrecía una pareja de baile y de cuando en cuando un cantor, todo ello de tangos, por supuesto. La cantidad y frescura de la cerveza y la belleza de una de las bailarinas de tango así como el arte con que interpretaban el tango – al menos a mi corto entender – nos ha puesto de buen humor. Yo me he acercado al cantor para pedirle que en su siguiente intervención interpretara el tango Cambalache y me ha contestado que por supuesto. Lo que no me ha adelantado es que, al terminar su interpretación, se pondría un tanto pesado con le compráramos un CD que casualmente tenía por ahí.

La sorpresa de la mañana nos la ha dado María Ángeles: una de las parejas de baile se nos ha acercado para invitarnos a bailar un tango con ellos. Ángel y yo hemos sido taxativos en la negación y la invitación se ha volcado hacia las chicas. Y hete ahí que María Ángeles se presta a bailar, se sube al estrado y se marca un tango de mil pares de narices – se conservan documentos gráficos que dan fe de ello -.  Evidentemente al terminar ha recibido un aplauso atronador por nuestra parte y un saludo del “cantor” por megafonía.

17 El camarero que nos ha servido se ha deshecho en zalamerías hasta el momento en que hemos pagado la cuenta y Marga, nuestra ministra de Hacienda en funciones, a la vista del monto de la factura, no le ha dejado propina. De vuelta al bus turístico, nos hemos dispuesto a hacer otra etapa hasta Palermo. Hemos recorrido Puerto Madero, Retiro, la Plaza San Martín, Avda. Libertador, Figueroa Alcorta, Sarmiento, Santa Fe… y cuando nos hemos querido dar cuenta nos habíamos pasado la parada de c/ Italia y no hemos podido apearnos hasta la Plaza de Francia, en la Recoleta. Hemos paseado por esta plaza y no hemos dirigido al Cementerio. A mí este género de “establecimientos”, pese al pacífico comportamiento de sus moradores, no me atrae en absoluto. Debo reconocer que este disgusto no es compartido por todo el mundo. Sin ir más lejos, en el de la Recoleta, nada más entrar nos ha ofrecido información y un plano detallado del recinto un señor que se nos ha identificado como perteneciente a la Asociación de Amigos de los Cementerios (¡toma castaña!). “Los cinco de la fama” no hemos demostrado un entusiasmo ni siquiera parecido y, tras un breve recorrido entre tumbas de militares ilustres, próceres de la patria y altos comerciantes – ni un solo obrero de la construcción – hemos hecho mutis por el foro pasando por delante del amigo de los cementerios que nos ha despedido con un gesto cortés de “pobres ignorantes”. Hemos retomado el bus que nos ha conducido, a través de una circulación especialmente atascada, a la parada 0 desde la que nos hemos trasladado al hotel. Hemos descansado un ratito y nos hemos lanzado de nuevo a la calle con la intención de recorrer la avenida de Mayo desde la plaza del mismo nombre hasta la del congreso. En el zaguán había tres señoras españolas muy preocupadas porque no llegaba el autocar que debía trasladarlas al aeropuerto. Cuando hemos salido a la calle hemos comprendido por qué no les llegaba ese autocar: circulaba por 9 de julio una enorme manifestación que después continuaba por Avda. de Mayo. Eran inmigrantes de los que están siendo desplazados por la policía de sus asentamientos chabolistas en el Parque Indoamericano, con resultado de varias muertes. Sobrecogía esa multitud de gentes sin nada: ni patria, ni casa, ni trabajo. Por uno de los claros de la manifestación hemos cruzado para seguir nuestro camino por Avda. de Mayo desde 9 de julio hasta la plaza del Congreso. Nos hemos cruzado con una madre joven que llevaba a su niñito en una silla de paseo que le iba diciendo a su amiga: “Pues yo te lo digo en serio: ya mismo los tirotiaba”. Nos ha parecido una frase cruel pero tal vez sintomática de lo que está ocurriendo. Alguno ha comentado que este es un terrible problema del que se ha librado Néstor Kishner que ha muerto en un momento dulce que lo ha llevado hasta las puertas del mito: la ciudad está llena de carteles exaltando su figura. No todos pensarán lo mismo: no lo hacía el taxista que nos trajo el lunes del aeropuerto.

Hemos recorrido ese tramo de Avda. de Mayo, tan español, arrancando en la 9 de julio desde el monumento al Quijote, regalo del Gobierno español. En esa avenida pronto hemos pasado por el Hotel Castelar en el que se hospedó Federico García Lorca cuando vino a estrenar con Margarita Xirgú “Bodas de Sangre” a Buenos Aires; que lo hizo, por cierto, en el teatro Avenida situado unos metros más adelante. Ambos establecimientos lucen en sus fachadas placas conmemorativas del evento.

En la magnífica plaza del Congreso nos ha llamado la atención desde lejos lo que parecía un montón de basura.18 AB Resultó ser otro establecimiento chabolista de una miseria estremecedora. Luego nos hemos dado cuenta de que eran al menos CUATRO pequeños grupos de algo que ni siquiera merecía, en muchos casos, el nombre de chabola. La plaza, por lo demás, es un ejemplo notable de noble y rica arquitectura cuyo colofón final es el palacio del Congreso que la remata por el oeste con su conjunto de palacio y magnífica fuente de las Nereidas.

Una curiosidad: nos ha dejado boquiabiertos la enorme copa de uno de los árboles que adornan la plaza. He intentado una medición aproximada de su amplitud contando pasos largos equivalentes a un metro más o menos. He necesitado 52 pasos para recorrer el espacio abarcado por tan fastuoso árbol, o sea, que medía más de 50 m.

De regreso hemos entrado en el zaguán del edificio Barolo que a mí personalmente me ha parecido bastante  hortera y presuntuoso, una especie de delirio de nuevo rico que hizo rematar la torre en que termina el inmueble con un faro que, en su momento, se veía desde Uruguay. ¡Toma poderío y chulería de potentado! Regresados a 9 de julio, hemos seguido la Avda. de Mayo hasta llegar a la plaza. Al pasar por delante del café Tortoni hemos hecho propósito de tomar en él una cañita a la vuelta. Y así lo hemos hecho. Es un café precioso y magníficamente conservado. Llama la atención lo a gala que tiene haber sido visitado por personajes ilustres y por contar entre sus clientes asiduos a intelectuales, escritores y artistas plásticos a los que sigue dedicando rincones y mesas concretos.  Al regresar al hotel, como habíamos hecho una comida frugal pero tardía, todos hemos decidido dar un paseíto por 9 de julio y retirarnos a nuestras habitaciones. 

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Día 15.-   EL RANCIO Y HERMOSO SAN TELMO

El proyecto para el día de hoy era dedicarlo a visitar el típico barrio de San Telmo del que nos habían hablado como del más antiguo barrio que conserva un aire familiar y tranquilo además de innumerables establecimientos de antigüedades, mercados curiosos y talleres y puestecillos callejeros de artesanos.

No nos ha defraudado. En el mercado de San Telmo hemos recorrido espléndidos puestos de carne y de frutas y hortalizas, un kiosquito de productos artesanos de la gastronomía de la sierra de Córdoba (donde, por ejemplo se ofrecían huevos de codorniz escabechados), o un puesto de tejidos y confección donde he acabado comprando una edición de 1912 de romances del Duque de Rivas y no he adquirido una Historia de la Literatura Española de Fitzmaurice Kelly porque resultaba excesivamente voluminosa para mi equipaje. Sí, era un puesto de ropa.

En la plaza Dorrego hemos tropezado pintores, escultores y artesanos orfebres de notable calidad. Entre ellos ejercía un vendedor de libros viejos, más bien de segunda mano. La ha tomado conmigo porque yo, desde ayer, luzco-padezco una gorra con el escudo del Boca Juniors. Mientras intentaba colocarme una colección de disco-libros de grandes intérpretes del tango, me iba apostrofando “Hase falta coraje para andarse por el mundo con una gorrita como esa”. Al explicarle que la había comprado en Caminito, me ha recriminado: “Y a sincuenta metros del estadio de Boca, ¿de qué quería que se la vendieran, de Caperusita Roja?” Cuando ya me había negado a comprar la preciosa joya editorial que me ofrecía, ha pretendido venderle a mi mujer una foto de… “¿Vos sabés quién es este? Pues sí, Carlitos Gardel, el más grande de todos los cantores de tangos y… más lindo que su marido, se lo aseguro”. Era un tipo simpático y cordial que se ha despedido de mí con un “Encantadísimo de haberle conocido, me encanta saludar a tipos con sentido del humor” acompañado de un apretón de manos.

De allí nos hemos ido a “repostar” al café Britania porque habíamos oído una leyenda urbana sobre él: siempre tuvo ese nombre pero, a raíz de la guerra de las Malvinas, el dueño del establecimiento borró de los rótulos las tres primeras letras de su nombre y durante varios años pasó a llamarse CAFÉ TÁNICO. Es un café que tiene a gala conservar su viejo y un tanto astroso mobiliario y un trato cercano y cordial con los clientes, incluso con los ocasionales como nosotros.

20 Hemos encontrado por estas calles frecuentes ejemplos de casas con aire de principios del s. XX e incluso casas coloniales habitualmente en muy mal estado de conservación si no en casi ruina. Las restauradas daban idea de lo que podría llegar a conseguirse de este barrio si se ejecutara en él una labor sistemática de recuperación. Queda mucho para ello. Nos hemos acercado también al “Viejo Almacén”, uno de los más ilustres lugares en que se representa el tango como espectáculo: a las chicas les apetece asistir a alguno de estos, o sea que convenía informarse. Desde allí nos hemos acercado al parque Lezama, antiguo jardín privado que fue traspasado al municipio por la viuda de Gregorio Lezama con las condiciones de que se convirtiera en parque público y de que llevara el nombre de su marido. Esta ha sido nuestra última parada seria en el barrio de San Telmo. Hemos regresado al hotel y disfrutado una siesta… generosa. Por la tarde hemos paseado por Corrientes, por Florida, por Reconquista y regresado por Corrientes. En esta calle, en su teatro Gran Rex, hemos visto anunciadas actuaciones en dos días consecutivos de Joan Manuel Serrat con el cartel de “Agotadas localidades”. Antes de irnos a cenar al hotel, hemos localizado el restaurante “La Estancia” al que iremos a cenar otro día que Marga y Ángel tengan el estómago más a punto.


 

 

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