Biografía

 

BIOGRAFÍA

 

            Javier Gracia nace en 1945 en Esplús, localidad aragonesa situada en lo que en su tierra se conoce como la Francha, zona limítrofe con Cataluña y que, con desigual intensidad, habla una modalidad aragonesa del catalán. A él, que rechaza los particularismos y patrioterismos, le gusta pensar que procede de una zona y de un territorio, el aragonés, en que se cruzan lenguas y culturas. El hecho de que su padre, funcionario de Administración Local, se viera forzado a continuos cambios de destino derivados de su situación de “propiedad provisional”, llevó a Javier a vivir en diferentes localidades y acentuó, sin duda, su rechazo de las actitudes demasiado localistas.

Aunque cursó Ingreso de Bachiller con el maestro de su pueblo de entonces, Murillo de Gállego, hubo de continuar sus estudios en un internado como cualquier estudiante de entonces que procediera de un ámbito rural.

De esos primeros años de estudiante arrancan tres de las aficiones que le han acompañado a lo largo de su vida: la música, el teatro y la escritura.

De los once a los diecisiete años, formó parte de la Escolanía de su centro (contralto o barítono, según cambiaba de voz) y se aficionó así a la música clásica en general y a la vocal en particular. Durante años ha formado parte de distintas agrupaciones corales y aún hoy lo hace en el Coro "Amici Musicae"  del Auditorio de Zaragoza.

Participó desde niño en numerosas representaciones teatrales y a los diecisiete años dirigió su primera puesta en escena: la de Condenado por desconfiado de Tirso de Molina en una versión unisex de la Galería Salesiana, colección especializada en este tipo de versiones. Él frecuentemente bromea sobre semejante osadía y sobre el recuerdo satisfecho que conserva y que, sin duda, contrastaría con la escasa calidad escénica que realmente tuvo tal evento. Frutos posteriores de esta afición han sido la formación y dirección de grupos teatrales en los centros en que ha ejercido su enseñanza (Instituto “I. Zuloaga” de Éibar e Instituto “J. Zurita” de Zaragoza) y la creación de adaptaciones teatrales para el grupo de teatro “Oroel” de Jaca (una para piezas cortas de R. Mendizábal y otra de La Paz de Aristófanes).

Su centro de enseñanza disponía de una bien dotada biblioteca cuya existencia descubrió él accidentalmente cuando, con un compañero de curso, ayudó al portero a almacenar en ella unos paquetes de folios y cuadernos. Ningún alumno sabía de su existencia ni, evidentemente, había leído uno solo de aquellos libros. Sin duda, los encargados de su educación pensaban que tales lecturas constituían un terrible peligro para su formación. El estímulo y atractivo de la fruta prohibida combinados con la adicción a la lectura de los dos chicos les empujó a agenciarse una copia de aquella llave. De esa manera furtiva, dice Javier que pudo leer libros tan perniciosos como dos series de Episodios Nacionales de Galdós, Los Sueños de Quevedo o Peñas arriba de Pereda.

De esa misma época data su iniciación en la escritura, acometida también con entusiasmo y osadía. “Fue la poesía el género literario que soportó mis primeros escarceos con la literatura”, comenta él con frecuencia. Nada se conserva de aquella producción poética de juventud. “Solo mi madre conservaba el poema con que un año la felicité y que, afortunadamente, se extravió en alguno de nuestros cambios de residencia: eran dos octavas reales perfectamente rimadas y… ripiosas”, solía bromear en sus clases. Como buen adolescente llevó durante años un diario que, más tarde, hizo desaparecer por razones extraliterarias, cosa que hoy lamenta: “Eran trozos de vida razonablemente bien escritos y que ahora echo de menos”.

Se licenció más tarde en Filología Románica (pretencioso título años después corregido por el más discreto de Filología Hispánica) por la Universidad de Zaragoza. Puso en práctica sus conocimientos incorporándose inmediatamente a la docencia como profesor de Lengua y Literatura Españolas en Éibar y más tarde en Zaragoza. En esos dos Institutos participó o puso en marcha numerosos proyectos pedagógicos relacionados con la Literatura y también con las Artes Plásticas tales como Grupos de Teatro con actividades de representación y de teatro leído, Temporadas de Teatro (ciclos de asistencia a espectáculos), Exposición en 2005 de Traducciones e Ilustraciones del Quijote, Recitales de Machado, García Lorca, Cernuda, Salinas, Quevedo, Góngora y de producciones de sus propios alumnos, etc., Programas como Cultural 85, Arte a la Escuela (y a partir de él, fundación y programación durante 15 años de Sala de Exposiciones “Zurita”), Programa Invitación a la Lectura (primero como colaborador, más tarde como organizador y finalmente como escritor invitado), etc..

Su ejercicio docente como profesor de Literatura paradójicamente le inhibió de dedicarse a la creación literaria: “¿Quién es capaz de ponerse a escribir, a crear literatura después de explicar a genios como Cervantes, Galdós, Clarín o alguno de los contemporáneos? Yo no. Hasta que, con la mucha edad, he perdido ese respeto”. Así suele explicar él tan paradójica circunstancia.

De entre los muchos borradores almacenados, surgió al fin la idea de escribir un relato sobre tres temas vivenciales y vitales para él: la amistad, la docencia y la soledad sobrevenida (vividos los dos primeros y temido el tercero). Con esos mimbres tejió su primera novela, La niebla del olvido, que se publicó en 2007. Pese a tratarse de un autor “paradójicamente novel” – como él comenta – y desconocido, la obra tuvo una excelente acogida entre el público y, a comienzos de 2008, hubo de ser reimpresa.

Decidió entonces completar un libro de relatos cuyo tema fundamental fuera esa parcela de nuestra personalidad que solemos ocultar e incluso ocultarnos: los sentimientos. A eso se refiere el título del libro de relatos que apareció en 2010: Rincón escondido. Se trata de una colección de dieciséis cuentos de distinto tono y estructura que tienen en común la reivindicación de nuestra inteligencia emocional como “parte sustancial de nuestra capacidad de entender la vida, de comprendernos a nosotros mismos y de actuar e interactuar en sociedad”, como reza la contraportada del libro.

Ha publicado también relatos cortos en obras colectivas como Maestras y Relatos para el número 100. Han tenido así mismo publicidad – no impresa pero sí escénica – las adaptaciones ya mencionadas para textos de Aristófanes y de R. Mendizábal.

Javier Gracia ha decidido dar publicidad en el soporte informático de esta página web a parte de su producción inédita hasta la fecha: dos Libros de Viajes, una serie de presentaciones críticas de exposiciones de arte, algunos de los relatos cortos que un día espera publicar como libro para sus nietos, una serie de Haikus y de otros “poemas de varia lección” (y entiéndase aquí “lección” como posverbal del verbo leer), textos teatrales, etc…

Sabemos que Javier Gracia trabaja ahora en la redacción de otra novela que parte de la historia y personajes de uno de los relatos de Rincón Escondido. Hasta el día de hoy se ha negado a descubrirnos más detalles. Así que quedamos a la espera. Entretanto leeremos lo que hasta ahora permanecía inédito y aquí aparece publicado.

 

Francisco Duque